Fernando Canals Brage, vicepresidente de la Academia Riojana de Gastronomía (Intervención en el acto de presentación celebrado el 10 de febrero de 2026 en el Ayuntamiento de Logroño)
Nuestra felicitación en primer lugar a la Dirección General de Correos y a la Real Academia de Gastronomía por haber puesto en marcha la iniciativa que ha culminado en la emisión del sello que hoy celebramos. Correos desarrolla su reconocida labor como ‘Notario Mayor de la Historia’, al protocolizar, sellar o fijar hechos, circunstancias, personas…Es decir emitir los significantes, respecto de los cuales a la ciencia de la Gastronomía corresponde explicar y desarrollar los significados. Confluyen en esta labor estrictamente gastronómica las materias más diversas: de humanidades y ciencias –así la sociología, la historia, la salud y sanidad, la economía, y desde luego la propia cocina como técnica…- y también materias espirituales o inmateriales -como es toda la simbología religiosa asignada a determinados productos-. Es pues el gastronómico un estudio que reclama un reconocimiento social como ciencia, tanto más autónoma cuanto más multidisciplinar.
Fernando Canals
“Estos sellos, que dan fe de la cocina de la dieta mediterránea, ojalá sirvan de punto de partida para procurar su incorporación al patrimonio cultural de la humanidad”
Que la gastronomía es esencialmente cultura ha sido expresamente reconocido por la UNESCO al declarar el pasado diciembre a la cocina italiana como “patrimonio cultural inmaterial de la humanidad”. La pizza ya había obtenido el mismo reconocimiento en el año 2017. Tal insistencia demuestra una vez más la habilidad del pueblo italiano para crear imagen con elementos de las más diversas procedencias, ponerle su propio sello y transmitirlo. Esto viene de antiguo, cuánto debemos a los “romanos” lo sabemos ya gracias a la vida de Bryan y a Emilio del Río. Por eso entiendo que el reconocimiento a la cocina italiana nos debe llenar a asimismo a nosotros de satisfacción, pues ésta no es sino una parte de la cultura mediterránea y de su saludable dieta.

Así resulta con claridad de las razones esenciales con que la UNESCO ha justificado su declaración, esto es: su “dimensión social, cultural y comunitaria” y el hecho de tratarse de una “cocina pobre” (digamos popular) y una “cocina de afectos que es símbolo de convivencia”. Pues bien, ¿hay algún plato más representativo de esta cocina (sin pretensiones, “convivial” y afectiva) que las patatas a la riojana? Un plato nacido en comunidades de pastores con los ingredientes elementales que podían llevar a cuestas en sus trashumancias y elaborado en pucheros que desde el centro de la mesa garantizan que la comida sea verdaderamente comunitaria, compartida y comentada.
Pobreza de plato no excluye riqueza, al menos de sabores. Recordemos que cuando Paul Bocuse, considerado entonces mejor cocinero del mundo, las probó con ocasión de preparar él a su vez la comida de celebración del centenario de una de nuestras más prestigiosas bodegas en 1979, preguntó para qué demonios le habían llamado a él a cocinar disponiendo de semejante manjar. Segunda felicitación pues por la elección del plato.
La tercera va dirigida al sello mismo. Partiendo, con técnica pictórica, del fondo uniforme monocromo de un muro de piedra, tan frecuentes en La Rioja, se incardina en la mejor tradición de la pintura española de “naturalezas muertas”, también conocida como “bodegones”. Además, en el bodegón figura una copa de vino. El vino como alimento que se bebe para acompañar al alimento que se come, en un proceso de mejora recíproca. Lo tomo como una verdadera declaración de principios frente a la vocación prohibicionista de tanto fundamentalista suelto que no puede soportar que en parte alguna existan personas felices y “disfrutonas”. Una copa igual acompaña a la pirámide de la dieta mediterránea con la siguiente indicación: “Vino con moderación y respetando las costumbres”. Cierto es que tal consejo puede resultar un oxímoron en estas tierras. La clave de entendimiento nos la da el filósofo Javier Gomá -a quien si tiramos del hilo podemos encontrar una vinculación, siquiera sea un hilillo, con La Rioja, esto es el Rioja- cuando al preguntarse cuál debería ser “la disposición fundamental del ser humano hacia la propia existencia”, es decir el estado de ánimo/espíritu (actitud) con el que encarar la vida, expresaba el suyo, que ya es el mío: “Sobria ebriedad”.
Animado de tal espíritu, termino improvisando un desiderátum no por más utópico menos deseable. Que estos sellos que dan fe de la cocina de la dieta mediterránea pudieran servir de punto de partida para procurar su incorporación al patrimonio cultural de la humanidad, desarrollando la comunión o, cuanto menos, comunicación de todos los pueblos ribereños con el Mare Nostrum.

